por Raúl Gil Benito.

La política es confrontación de visiones del mundo, ideas, y programas. En una campaña electoral el objetivo de cada partido es diferenciarse de sus rivales para ganar el apoyo de personas que comparten unos determinados valores. Los votantes están acostumbrados a elegir entre opciones progresistas y opciones conservadoras, en función de sus intereses, estado de ánimo y expectativas. Lo habitual, tras una elección, es que si el partido ganador no obtiene mayoría suficiente para gobernar trate de llegar a acuerdos de gobierno con opciones políticas con las que comparte una visión del mundo, ideas y programas. Entonces, ¿por qué en Alemania estamos ante la tercera Gran Coalición (Große Koalition) de este siglo?

1- La fortaleza de Merkel

Es su último mandato y no volverá a presentarse a las elecciones, pero la canciller ha dominado la política alemana y europea de los últimos doce años y medio. Su capacidad para ofrecer seguridad al electorado y su identificación absoluta con la defensa de los intereses de Alemania –con Alemania en sí misma– le han reportado popularidad, simpatía, y un caudal electoral para liderar el país sin demasiados sobresaltos desde 2005. Hasta que llegó la crisis de los refugiados, que supuso el fin de la luna de miel de la canciller y los alemanes. Esa fortaleza, que se ha llevado por delante a todos sus adversarios externos e internos, es clave para entender la renuncia del Partido Socialdemócrata (SPD) a plantear una alternativa clara a Merkel, optando por refugiarse en gobiernos de coalición con los conservadores, esperando siempre tiempos mejores.

2- La debilidad del SPD

Ser el socio minoritario en una coalición es una gran oportunidad para partidos pequeños, cuya pretensión no es ganar elecciones sino condicionar la política del país e introducir sus temas en la agenda pública, pero cuando eres una organización que aspira a ganar las elecciones puede ser letal para tus aspiraciones. Todos los partidos buscan rentabilizar en las urnas las políticas que desarrollan en el Ejecutivo, políticas destinadas a segmentos concretos de la población, que pueden sentirse motivados a votar por el partido que ha mejorado de alguna manera su vida. Esto en un gobierno de coalición es muy difícil de gestionar, porque muchas veces los ciudadanos no distinguen qué partido realiza cada política, y tienden a atribuírsela mayoritariamente a la persona que lo lidera; en el caso de Alemania, la canciller Angela Merkel. Esto ha pasado en las anteriores dos ediciones de la Große Koalition, en las que el partido socialdemócrata ha desarrollado un programa acorde a sus valores e ideas, que en algunos casos concretos ha dado buenos resultados, pero no sólo no ha sabido rentabilizarlo, sino que ha permitido que lo haga Merkel, ensanchando así su espacio, desde su posición conservadora hasta posiciones más socialdemócratas.
Las negativas perspectivas electorales del SPD tienen mucho que ver con haber participado en dos gobiernos de coalición con los conservadores, y ahora repiten de nuevo la fórmula sin ser capaces de resolver este problema de desconexión entre la gestión y la comunicación. Con ello, permiten que se refuerce la idea de que ambos partidos son iguales, que los socialdemócratas no son una alternativa real a los conservadores. Cuando todos los análisis coinciden en que el decaimiento socialdemócrata está íntimamente ligado a su mal gestionada participación en los gobiernos de coalición con Merkel, deciden continuar con la apuesta, porque su debilidad alimenta los temores de los dirigentes y la militancia, y porque creen –en eso tienen razón– que el invierno es menos duro en un edificio gubernamental.

3- La confusión de los programas conservadores y socialdemócratas

Si preguntamos a los alemanes por tres temas que diferencien claramente al SPD de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y la Unión Social Cristiana (CSU), nos llevaríamos una sorpresa. Tras años de confusión ideológica y programática, probablemente sólo acertarían a nombrar el matrimonio igualitario, que fue noticia el año pasado por su aprobación en el Bundestag con el rechazo de los conservadores, a pesar de que Merkel dio libertad de voto a sus parlamentarios. Socialdemócratas y conservadores han coincidido en lo básico de los grandes temas de los últimos años: política económica, Europa o refugiados. Con pequeños matices, imperceptibles para la ciudadanía alemana, han estado de acuerdo en la gran mayoría de los análisis y las decisiones tomadas desde el ejecutivo alemán. Esta anomalía democrática, porque la política es sobre todo confrontación, hace que la repetición de la fórmula de Große Koalition deje de sorprendernos y se acabe viendo incluso como la primera opción y la más deseada por los alemanes, aunque es cierto que en los últimos meses esa tendencia de apoyo al acuerdo entre SPD y CDU/CSU se ha reducido. En todo caso, a la gran mayoría de la ciudadanía alemana no le preocupa que el tradicional sistema de partidos alemán se esté alterando de manera irreversible, lo que quiere es que le resuelvan los problemas que tiene, y una gran mayoría sigue pensando que quien mejor se encarga de eso es una coalición entre Merkel y los socialdemócratas.

4- La presión de los países europeos y las clases dirigentes alemanas

Europa ha contenido la respiración durante los meses que Alemania ha estado sin Gobierno y la amenaza de nuevas elecciones se cernía sobre el escenario político de la locomotora del viejo continente. Para las instituciones europeas, la opción preferida era la repetición de la Große Koalition, porque en ella ven estabilidad y una posición reconocible sobre Europa, alejada de los experimentos planteados por partidos menores como el Partido Democrático Libre (FDP) o Los Verdes, y en el extremo de la enmienda a la totalidad que defienden los eurofóbos de Alternativa para Alemania (AfD). El empuje del presidente francés Emmanuel Macron necesita el contrapunto alemán para no alterar el panorama comunitario, muy tocado ya por la salida del Reino Unido. Tras el acuerdo y la ratificación de la fórmula de gobierno CDU/CSU y SPD por parte de las bases socialdemócratas, la tranquilidad llegó a Bruselas, que sigue aplazando erróneamente el análisis y la toma de decisiones para combatir la ola de euroescepticismo y xenofobia que recorre el continente.
En Alemania también ha habido muchas presiones para repetir la Große Koalition, por parte de las clases dirigentes y las grandes empresas del país, que han disfrutado de años de bonanza y estabilidad al calor de la acción política -también de la inacción política- de la alianza entre los dos grandes partidos. Clases dirigentes que miran con buenos ojos las propuestas de los liberales de Christian Lindner, pero que no estaban dispuestos a apostar de lleno por ellas si iban acompañadas de la entrada en el ejecutivo alemán de Los Verdes y sus políticas proteccionistas y limitadoras de la libertad de empresa. Alemania tiene un grave problema que resolver relacionado con la pobreza y la precariedad en la que viven millones de ciudadanos, pero a las grandes empresas les ha ido bien con las políticas desarrolladas en los últimos quince años. La apuesta de grupos económicos poderosos era seguir con la Große Koalition, y como en otras ocasiones han hecho su trabajo de lobby a la perfección.

5- El miedo a la incertidumbre

En el año 2012, la CDU y el FDP de Renania-Westfalia del Norte bloquearon el presupuesto de la entonces ministra presidenta de la región, la socialdemócrata Hannelore Kraft, obligándola a convocar elecciones anticipadas para resolver el problema de gobernabilidad. Los electores de la extensa y productiva región alemana castigaron en las urnas el gesto de irresponsabilidad de los dos partidos conservadores, dando la mayoría absoluta a socialdemócratas y verdes. En Alemania hay un miedo muy poderoso, que tiene mucha influencia en la política y en las contiendas electorales, el miedo a la incertidumbre. Incertidumbre a la que los defensores de una nueva Große Koalition han apelado continuamente, tras el fracaso en las negociaciones para formar una coalición Jamaica, sabedores del impacto emocional que produce en la ciudadanía alemana.

6- La prima de responsabilidad

No todos son factores negativos o reactivos los que han llevado a CDU/CSU y SDP a reeditar su acuerdo. Enlazando con el miedo a la incertidumbre, encontraríamos la prima de responsabilidad que los electores alemanes pueden otorgar a quien muestre mayor voluntad de formar gobierno y resolver los problemas de la gente. Frente a la actitud de falta de compromiso de los liberales, se podría decir que los conservadores y socialdemócratas han mostrado un sentido de Estado. De esto podría aprovecharse el SPD, si son capaces de explicar que, aun sabiendo que su participación en la coalición les perjudica, han tomado esa decisión porque anteponen los intereses generales a los del partido.

7- La presencia de AfD

Uno de los grandes beneficiados de la reedición de la Große Koalition es el partido ultraderechista, ya que se convierte formalmente en el líder de la oposición en Alemania, con todos los beneficios económicos, protocolarios y de atención mediática que eso supone. Precisamente esta era uno de los elementos negativos que implicaba la reedición de la coalición entre los dos grandes partidos, que han optado por sellar su pacto en buena medida por el miedo a que AfD siguiera creciendo en unas hipotéticas nuevas elecciones. Desde hace tiempo, el partido xenófobo condiciona toda la política alemana, instalando sus marcos de pensamiento en el debate político y mediático, provocando así que cualquier debate se realice en torno a sus posiciones políticas. Otra Große Koalition alimenta el discurso de que no hay más alternativa que AfD y que los dos grandes partidos son iguales y sólo persiguen satisfacer sus intereses particulares. Pero, al mismo tiempo, la fortaleza de AfD es una de las razones por las que se ha reeditado el pacto. Un círculo vicioso del que los dos grandes partidos no saben cómo salir y del que los ultraderechistas no dejan de obtener réditos políticos y electorales.
Alemania tiene grandes retos por delante, que debe resolver si quiere continuar siendo el motor económico de Europa y un país con estándares sociales aceptables. El primero es la necesidad de mano de obra que compense la baja tasa natalidad en Alemania algo que engarza con la política migratoria, un debate que el país debe afrontar de manera seria y analítica, pero que está contaminado por la crisis de los refugiados y los mensajes de AfD. El dinamizar la integración europea y el papel de Alemania en la misma, las consecuencias del cambio climático, la desigualdad que el país arrastra entre estados del Este y el Oeste, veintisiete años después de la reunificación, o la necesaria apuesta por la digitalización y la modernización de las infraestructuras físicas y tecnológicas son algunos de los temas clave que están sobre la mesa del nuevo Gobierno. La CDU/CSU y el SPD bien harían en dejar de hablar de ellos mismos y de AfD y ponerse manos a la obra con la ingente tarea que les espera.¤

Raúl Gil (@raulgilb). Experto en comunicación política y electoral. Ha sido diputado, director general en el Gobierno de Cantabria, y asistente en el Parlamento Europeo. Además ha trabajado en diferentes campañas electorales a nivel local, regional y estatal en España, colaborando en el asesoramiento a políticos alemanes durante su etapa de cuatro años en Berlín.
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    Imagen de portada: Firma del contrato de coalición de la 19. Legislatura. Por Sandro Halank (CC BY-SA 3.0), via Wikimedia Commons.