Los tres primeros meses del año en Alemania estuvieron signados por las negociaciones de coalición, el referéndum del SPD y la formación de un nuevo gobierno: la cuarta gran coalición de la historia.

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En ese período la intención de voto muestra que los conservadores de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Angela Merkel han logrado mantener los números que corresponden al resultado electoral de 2017 (32,9%). Esto no es necesariamente una buena noticia para la canciller, ya que la CDU en tanto partido mayoritario debería estar mucho más cerca del 40% e incluso por encima.

No obstante, Merkel puede buscar consuelo echando un vistazo a la situación de su compañero de coalición, el partido socialdemócrata (SPD). Para el SPD este ha sido uno de los peores trimestres desde que se mide la intención de voto. Por un lado, según algunas encuestadoras, quedaron en tercer lugar detrás de la ultraderecha a mediados de febrero. Por otro, el promedio mensual los pone 2,2 puntos por debajo de su resultado electoral, que fue el peor de su historia. Es cierto que lograron quedarse con ministerios importantes y que esto podría servirles de plataforma para mejorar en el futuro. Sin embargo, los números muestran una situación preocupante para la socialdemocracia alemana.

 

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Si observamos la intención de voto y a la vez los diferentes momentos del proceso de formación de gobierno podemos identificar algunas posibles causas de las fluctuaciones en los tres partidos más importantes de Alemania: CDU, SPD y AfD, la ultraderecha que actualmente lidera la oposición.

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Hacia el inicio de 2018 se podría afirmar que la socialdemocracia estaba sosteniendo los niveles del 20%, unos números paupérrimos. Lo que no sabíamos era que se podía cumpliar aquella máxima que dice: Siempre se puede estar peor. En efecto, la rebelión de los enanos, es decir la interna en el partido, estalló y con ella la confianza en los líderes. Esto se reflejó en unas mediciones que fueron bajando progresivamente hasta llegar a casi el 16% hacia mediados de febrero, en medio de la campaña para el referéndum partidario.

Esta situación del SPD se contrapone con la de los ultraderechistas de AfD. Tal como ha pasado desde el nacimiento de este último en 2013, cada vez que AfD perdió el control de la agenda y por consiguiente la centralidad en el debate político, sufrieron en términos de intención de voto. Eso fue justamente el problema de AfD a principios de año cuando el aparato mediático estaba concentrado en la rebelión de los enanos y las contradicciones de Martin Schulz (SPD). Pese a todo, AfD comenzó a recuperarse poco a poco. Su accionar provocador en el Bundestag sumado a la vuelta al escenario mediático le dieron el espacio necesario para transmitir su frame principal: “somos distintos a la clase política tradicional que pelea por un puesto en el gobierno, nosotros peleamos por los intereses de los alemanes”. Palabras más, palabras menos, AfD logró, como hemos mencionado, llegar a estar en el segundo lugar en intención de voto, según una encuesta de INSA del 26 de febrero.

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Para los conservadores el fin de las negociaciones tampoco fue muy favorable. Mientras en el SPD comenzaba la campaña para el referéndum, en la CDU se escuchaban quejas hacia la canciller por el resultado del pacto. Según los críticos, Merkel había permitido que el SPD y la CSU les arrebaten los ministerios más relevantes: Finanzas e Interior. Así fue como la CDU llegó al punto más bajo del período en intención de voto, 31,5%.

Las decisiones de Merkel de oxigenar su gabinete con caras nuevas mejoró los números de la CDU. Los nombramientos también generaron algo de esperanza en el SPD que también tuvo una suba en ese período pos-referéndum. Paralelamente los ultraderechistas de AfD, sufrían una leve caída en esa semana en la que Merkel juraba como canciller por cuarta vez consecutiva.

Con el gobierno ya conformado, el jefe de la Unión Social Cristiana (CSU) y ministro del Interior, Horst Seehofer, no tuvo mejor idea que aprovechar la ocasión y anunciar que para él: “El Islam no pertenece a Alemania”. Suponiendo que estas declaraciones contribuirían al reposicionamiento conservador de su partido y, en especial, a la campaña electoral de la CSU en la regionales de Bayern, Seehofer reactivó un debate cuyo beneficiario tiene nombre y apellido: Alternativa para Alemania (AfD). Los ultraderechistas, dueños y expertos en manejar este frame, se han recuperado y vuelven a rozar el 15% de intención de voto.

En los últimos días otros miembros de la CSU se han encargado de repetir las declaraciones de Seehofer e incluso ampliarlas. Merkel salió a posicionarse en contra de las mismas, pero el daño ya está hecho y hoy, como si nunca nada cambiase en Alemania, el tema del día es el Islam, la inmigración, los refugiados y la integración. La ultraderecha se relame. Sabe que esto no sólo es beneficioso a nivel federal. También lo es a nivel regional. En octubre se celebran dos elecciones regionales y AfD tiene chances de pelear con el SPD por el segundo lugar en Bayern y con los verdes por el tercero en Hessen.

Paradójicamente la CSU, que siempre había sido vista como el último muro de contención para el crecimiento de la ultraderecha, hoy se ha convertido en el puente que facilita el ascenso y la consolidación de AfD.

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