Una de las primeras charlas sobre política en las que participé fue en Berlin. Tuvo lugar hace diez años, en una reunión de amigos. El último asado antes del crudo invierno prusiano. En un balcón, claro, como se acostumbra en la capital alemana.

Recién había llegado a Alemania y se me ocurrió comentar alguna cuestión sobre Merkel (sí, por entonces, Frau Merkel ya era canciller, desde hacía cuatro años de hecho). No recuerdo qué se dijo, pero una cosa me había quedado muy clara: la mayoría estaba indignada con la falta de diferencias entre los democristianos (CDU), el partido de la canciller, y los socialdemócratas (SPD). Nadie lo podía explicar muy bien, pero todos estaban de acuerdo en que daba igual votar a uno o a otro.

Una década más tarde la situación no ha cambiado. O sí. Es decir, muchos siguen pensando en que no hay diferencias entre ambos partidos mayoritarios, sin embargo, su comportamiento electoral se ha modificado. La indignación de aquellos jóvenes se transformó en decepción y muchos decidieron abandonar a los grandes partidos. Tanto SPD como CDU han experimentado una enorme caída en su caudal electoral. Uno de los tantos factores que lo explican es esa famosa carencia de perfil propio.

No pareciera haber proyectos de país diferenciados que compitan entre sí. Y si los hay, no están siendo percibidos por una importante porción de la población.

Esta medición de Civey y der Spiegel Online (SPON) muestra la actualidad de esta situación. A los encuestados se les preguntó ¿Cómo de grandes son las diferencias entre las propuestas del SPD y de la CDU/CSU en relación a las elecciones europeas?. Los resultados según partido político son los siguientes.

La mayoría cree que las diferencias entre los partidos mayoritarios de Alemania son apenas pequeñas. Algo que se enfatiza en el caso de los simpatizantes ultraderechistas (AfD), en el cual más del 55% cree que las diferencias son inexistentes. Ni siquiera para los cercanos al SPD y la CDU se modifica esta tendencia. En efecto, los valores agregados indican que más de la mitad piensan que las diferencias entre ambas fuerzas son pequeñas o nulas.

Las consecuencias de este fenómeno político alemán, que se repite en muchos otros países de Europa, son palpables. La mencionada pérdida de caudal electoral se corresponde con el crecimiento de otras opciones políticas. En el caso alemán, los verdes se han visto beneficiados en los últimos tiempos. Sin embargo, ha sido la ultraderecha la que ha logrado aprovechar al máximo esta situación.

En Alemania, AfD ha conseguido dos millones de votos a menos de un año de su fundación, en 2013. Y cuatro años después no sólo triplicó esa cifra sino que logró convertirse en líder de la oposición. Paradójicamente gracias a la conformación de una nueva Gran Coalición entre socialdemócratas y democristianos.

En el libro Epidemia Ultra, Andreu Jerez, explica en profundidad la situación de la ultraderecha alemana y el impacto que su consolidación tiene en el tablero político alemán.

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