Encuestas: dos reflexiones a cuatro meses de las elecciones

Hacía más de siete años que el partido liberal (FDP) no alcanzaba 9 puntos de intención de voto. Esto nos obliga a pensar en dos cuestiones. La primera es que los cambios de imagen y de discurso encabezados por Christian Lindner han logrado redefinir la imagen del partido y reconvertirlo en una opción votable. Especialmente luego del desastre posterior a la coalición con el partido de la canciller Angela Merkel (CDU) entre 2009 y 2013.

 

El segundo elemento importante es que este reframing del FDP ha conseguido acercar a nuevos públicos. Los votantes del FDP ya no solo se encuentran en la franja de los mayores de 65 sino que ciudadanos más jóvenes también se unen a su electorado. Se trata de grupos que buscan una opción que ofrezca algo diferente, al menos desde lo discursivo, si tener que optar por los ultraderechistas de AfD. Está por verse si son capaces de sostener estos niveles. La clave estará en su capacidad para administrar temas de coyuntura que eventualmente puedan impactar en la campaña.

Si bien el partido socialdemócrata (SPD) se ha alejado del sorprendente 30% de intención de voto que ostentó hasta fines de abril, no es menos cierto que el 25% actual es todavía un número destacable si lo comparamos con el 20% de inicios de año. La candidatura de Martin Schulz disparó la euforia y con ella las encuestas. Todos los medios hablaban del efecto Schulz. Los militantes festejaban el viaje sin escalas a la lavadora de Merkel*. Sin embargo, las expectativas se pusieron demasiado alto. Tanto militantes como medios de comunicación sobredimensionaron el impacto del efecto Schulz y los número actuales parecen decepcionantes.

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Pero los que trabajamos con números sabemos que las cifras no son más que una contrucción y que para entender los procesos no hay que observar más de un indicador. En este blog se ha hablado en reiteradas oportunidades de los problemas del SPD. Su resolución va más allá de quien sea su candidato. El SPD tiene buenas ideas, tal vez las mejores, para retornar al camino de partido mayoritario y lograr que las elecciones alemanas vuelvan a ser competitivas. Sin embargo, la socialdemocracia alemana también tiene grave problema de comunicación, de conexión con la ciudadanía, de capacidad para contar historias que transmitan mensajes que activen los frames progresistas que tienen por lo menos el 37% de potencial que los expertos le adjudican al SPD. Una dificultad que debe sortear urgentemente a partir de cambios de estructuras y de lógica interna del partido como punto de partida. El partido está viejo. Necesita redefinirse en ideas y en funcionamiento.

Es muy posible que Schulz no logre ser canciller. Los números de Merkel son fenomenales. De hecho, las encuestas que se publiquen luego de su reunión con Obama y con Macron durante esta semana mostrarán a la CDU todavía más arriba. El rol de Schulz tiene que ser reordenar las prioridades políticas del partido. Si la bandera a recuperar es la de la justicia social, entonces deberán discutir a fondo el tema Agenda 2010, por ejemplo, y comunicar de manera clara qué estuvo bien y qué estuvo mal. Y en especial, cómo va a ser a partir de ahora. Schulz también es el indicado para abrirle las puertas a jóvenes promesas y paralelamente agradecerle por los servicios prestados a los dinosaurios. Él tiene las espaldas lo suficientemente anchas para cargar con los réditos y los costos políticos de tomar estas decisiones. Tal vez el legado de Schulz tenga más que ver con esta tarea de redefinir a la socialdemocracia alemana y menos con la idea de convertirse en el cuarto canciller del SPD.

* Los alemanes se refieren al edificio de gobierno (Kanzleramt) como la lavadora por sus similitudes con el electrodoméstico. La lavadora de Merkel también fue un blog sobre política alemana en español que debería ser recuperado, al menos en tiempos de campaña.

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