Hace un año exactamente discutía con Andreu Jerez por el orden de los capítulos de nuestro nuevo libro. Nos habíamos decidido por una edición independiente. Algo que demandaba mucho esfuerzo, pero que a la vez nos motivaba. Estabamos construyendo la primera edición de Epidemia Ultra junto a las firmas de 16 grandes colegas.

Desde que comenzó la cuarentena me sonaba un poco raro raro hablar de Epidemia Ultra. En realidad, de mencionar el título. En medio de la pandemia de coronavirus utilizar esas palabras era algo incómodo. A más de un mes del inicio del confinamiento me puse a reflexionar sobre ello.

Creer que el mundo que viene luego de la pandemia va a ser uno completamente diferente es falso. Sí, es cierto, mucho cambiará. Cientos de análisis y debates en la web giran sobre eso. Pero pienso que algunas cosas no lo harán. No cambiarán porque el COVID19 no eliminará sus causas.

La ultraderecha es una de esas cosas. Esa visión antidemocrática, autoritaria, xenófoba y, al vez, creciente sigue allí. Dinámica, debilitada en algunos lugares, fortalecida en otros, pero siempre presente. Agitando su discurso del odio, lanzando teorías conspirativas, construyendo un frame, un marco, para entender el mundo que se viene desde su perspectiva binaria y reduccionista.

El desastre de Trump en USA o el horrible accionar de Bolsonaro en Brasil nos tienta. Desarrollamos hipótesis sobre la posible caída de las respuestas populistas a la hora de administrar una crisis seria. Al final, no saben gobernar ni solucionar problemas. Sólo atinan a culpar a todo lo que les rodea, ignorando que fue su propia incapacidad la que puso en peligro a su «gente». Aquella «gente» que dicen entender mejor que nadie. Sin embargo, puede ser un error pensar que la pandemia matará a ese populismo.

Por el contrario, la pandemia ha reforzado a otras derechas radicales y xenófobas que gobiernan actualmente. El caso de Hungría es un ejemplo. El gobierno de Orbán no se conforma con suspender elecciones hasta nuevo aviso o transferir competencias al ejecutivo. Ha determinado un recorte de fondos para los partidos políticos. Un accionar que beneficia ampliamente al partido gobernante de Orban y a la vez debilita a la democracia de su país. Y esto sucede dentro de la propia Unión Europea.

Pero, como decíamos en nuestro libro, el fenómeno ultraderechista, con sus matices y diferencias, se expande en el mundo. En India la fuerza xenófoba que actualmente gobierna, BJP, aprovecha la cuarentena para silenciar protestas, pero va aún más alla: Refuerza su narrativa antiislámica acusando a los musulmanes de haber propagado intencionalmente el virus para perjudicar a India.

La pandemia no va a cambiar las tendencias racistas y antidemocráticas de estos partidos y líderes. Y tampoco lo hará con aquellas fuerzas radicales que desde la oposición no dudan en alimentar el discurso del odio y la desinformación aprovechándose de la crisis.

En Alemania, AfD sostiene que los refugiados están contagiados y hay que expulsarlos. En Francia, Le Pen subraya los errores de la Unión Europea y agita la eurofobia. En Italia, el ex ministro Salvini, líder de la Lega, se mantiene en el 30% de los votos sin hacer mucho. Y como si eso fuera poco, la crisis económica que se espera puede ser el escenario ideal para que el apoyo a esta oferta política populista de derechas crezca.

En Epidemia Ultra nos preocupaba esa capacidad de estos partidos y movimientos para explotar el descontento. Pero aún más nos alarmaba su subestimación. Y es por ello que hoy, un año después de aquellas largas noches de lectura, edición, corrección y redacción, pienso que el nombre de Epidemia Ultra está muy bien puesto. Incluso pese al coronavirus.

La pandemia nos dejará mucho dolor, es cierto. Pero también es cierto que el día después nos encontrará con la Epidemia Ultra aún allí. Aquella que transmite el odio y el desprecio por el otro, que rechaza a la democracia, a los derechos ciudadanos, a la igualdad; que pretende una sociedad machista, homogénea, gris y oprimida. Todo eso seguirá ahí. Y no podemos permitir que nos contagie.

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