Quien sale a ponerle un freno al nuevo Ministro del Interior, Horst Seehofer (CSU), es la propia Angela Merkel (CDU). Seehofer había dicho que “el Islam no pertenece a Alemania”. La canciller se refirió directamente a esa frase de su colega bávaro y lo hizo en el Bundestag frente a todas las fuerzas políticas: “El Islam se ha vuelto parte de Alemania”.

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Die Welt Compact. 22 de marzo de 2018. “Merkel a Seehofer: ‘El Islam se ha vuelto parte de Alemania’. La versión digital se puede adquirir aquí.

El diario conservador Die Welt hace de esta interna entre conservadores su portada y deja de manifiesto una grieta en el nuevo gabinete.

Sin embargo, quisieramos poner el acento en un elemento que tal vez pase desapercibido. Un mensaje subliminal se esconde en este titular y posiblemente para el lector que no maneja el alemán sea imposible de percibir. La yuxtaposición de la palabra que está en segundo lugar “Islam” y la que está a continuación “ist” forman el término “Islamist”, o islamista en español. La distancia relativamente grande y algo desigual entre las letras complica la identificación clara del fin de la palabra y por consiguiente facilita la conexión con la siguiente. Esta unión de palabras es un procedimiento automático e inevitable que realizamos de manera inconciente.

El lector recibe entonces un mensaje que probablemente solo le afecte de manera inconciente pero efectiva. Pareciera que Merkel estuviese aceptando que el Islamismo se ha vuelto parte de Alemania, algo que es muy distinto que decir que el Islam, en tanto religión, lo es. El impacto en nuestra mente de este tipo de contrucciones semánticas ha sido medido y trabajado en cientos de estudios sobre el cerebro. El libro The Political Brain de Drew Westen los recopila exhaustivamente y explica sus consecuencias en la comunicación política.

Más allá del tema neurocientífico, este enfrentamiento nos deja varios interrogantes: ¿Por qué Merkel encuentra más respaldo entre socialdemócratas que entre sus supuestos aliados bávaros? ¿Se puede gobernar con este nivel de tensión? ¿Cuál es la línea política del gobierno? ¿Se trata de una estrategia “a dos puntas” o un “disenso pactado” entre conservadores? ¿Cuánto tiene que ver la actual campaña electoral en Baviera que tanto preocupa a la CSU?

Muchas preguntas y pocas respuestas. Al menos por ahora. Esta fue la portada de la semana.

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