Los ultraderechistas han logrado que en Alemania todos los actores hablen sobre migración y criminalidad, sobre refugiados y terrorismo, sobre extranjeros y amenaza. Los medios de comunicación, los políticos, los ciudadanos. Todos discuten en los términos y condiciones impuestos por la maquinaria comunicacional de Alternative für Deutschland (AfD), el partido que poco a poco ha conseguido ocupar un lugar protagónico en el sistema político del país germano.

Este éxito comunicacional se basa en cuatro pilares tácticos fundamentales. El anticipo coordinado, que le permite determinar el marco en el cual se dará el debate; la desinformación calificada, mediante la que legitima su relato; el chivo expiatorio à la carte, para reforzar la victimización y demonizar al enemigo de turno; y la provocación estratégica, una herramienta vital para posicionarse respecto del resto de los actores políticos.

El éxito de la ultraderecha en Alemania es inapelable. Seis millones de votos en 2017, apenas cuatro años después de la fundación del partido, presencia en todos los parlamentos regionales que celebraron comicios hasta ahora, centralidad política en los debates públicos sobre todos los temas de agenda prioritarios. Una de las claves para entender este fenómeno radica en su comunicación. Desde hace tiempo, AfD es capaz de hegemonizar la discusión política al lograr que el resto de los actores intervengan según las condiciones discursivas impuestas por los ultraderechistas. Todos hablan de migración y criminalidad, de refugiados y terrorismo, de extranjeros y amenaza. ¿Cómo ha logrado AfD esta posición de dominio comunicacional en Alemania?

Cuatro claves: Anticipar, distraer, esquivar y testear 

George Lakoff es un reconocido linguista estadounidense. En el año 2004 publicó un libro llamado „No pienses en un elefante“. A partir de ese momento Lakoff se transformó en una suerte de prócer de la comunicación política. Su libro explica mejor que ningún otro cómo funcionan los marcos interpretativos, también llamados frames. La idea madre es simple: Si le pides a alguien que no piense en un ELEFANTE, seguramente lograrás que piense en el ELEFANTE. No es necesario profundizar sobre las implicaciones de esta premisa en el discurso político.

Según Lakoff, Donald Trump ha comprendido mejor que ningún otro político actual el poder de utilizar marcos interpretativos o frames en relación a los temas prioritarios de la agenda pública. Estas habilidades comunicacionales de Trump desvelan a Lakoff. El académico desespera al ver que su presidente maneja la comunicación política del país desde su smartphone. Él se siente en las antípodas de ideológicas, culturales y políticas de Trump. Es por ello que desde hace algunos años trabaja sin cesar para entender y contrarrestar los efectos de la potente comunicación del primer mandatario.

Hace un tiempo, Lakoff publicó una categorización de los tweets de Trump. Los ordenó en cuatro categorías según sus funciones: 1- establecer anticipadamente el marco sobre un tema nuevo, 2- distraer la atención, 3- esquivar responsabilidades o costos políticos y 4- testear la opinión pública.

Anticipar, distraer, esquivar y testear. Cuatro claves de la comunicación política de Donald Trump. Cuatro tácticas que le permiten manejar la agenda y, lo que es aún más importante, establecer el marco interpretativo de los debates relevantes.

Centralidad desde la periferia

Esta categorización de Lakoff es aplicable al uso de las redes sociales de la nueva ultraderecha alemana, representada en el partido Alternative für Deutschland (AfD). Con algunas diferencias, la capacidad para conducir el debate público de AfD ha logrado resultados similares al del presidente estadounidense e incluso, en algunas áreas, hasta lo han superado.

Los ultraderechistas han conseguido una centralidad en el debate político que no es equivalente con su peso en términos electorales. Ni siquiera el tercer lugar de las elecciones de 2017 y el hecho de ser la cabeza de la oposición lo justifican. La centralidad que posee su discurso político bloquea la capacidad de propuestas proactiva del resto de los partidos. Es más, este espacio protagónico en el sistema de partidos alemán ya lo habían conseguido antes de obtener la representación parlamentaria en el Bundestag.

En resumen, la centralidad de Trump es lógica, él es el presidente del país. En cambio, la de AfD, que apenas si fue votada por uno de cada diez alemanes en septiembre pasado, pareciera obedecer a otros factores.

Uno de las variables que merecen ser observadas para explicar dicha centralidad es la comunicación política de AfD. Los ultraderechistas han sido capaces de aumentar el nivel de sofisticación de su comunicación y con ello lograr un grado de eficiencia superlativo. Es posible analizar esto a partir de las cuatro categorías que Lakoff elabora sobre los tweets de Trump.

Anticipo coordinado. El que pega primero, pega dos veces.

Cuando tiene lugar un evento o un debate importante en el espacio público se genera una competencia entre los distintos actores para hegemonizar la discusión. El objetivo de estos últimos es imponer el propio marco interpretativo o frame, es decir, las condiciones discursivas del debate. El framing es una forma de simplificar un issue. Su fin es determinar lo que Gamson y Modigliani (1987)  denominaron hace más de 30 años „the essence of the issue“. A través de la selección, jerarquización y acentuación de determinados elementos de un tema, el frame ofrece una explicación integral sobre un problema y a la vez propone una solución. En otras palabras, aquel que logre imponer su frame, tendrá muchas chances de lograr apoyo para su visión de la cuestión en juego ya que estará determinando las condiciones, los límites y los elementos discursivos a partir de los cuales se dará la discusión.

Tanto Donald Trump como AfD son maestros en este arte de imponer el frame. Y no solo eso, sino que lo hacen de una manera temprana, al inicio del debate, ganando así la iniciativa y el primer impacto, que tal como afirma Kahneman (2011) es determinante en nuestro cerebro. Para nuestra mente es extremadamente difícil eliminar una primera impresión. Especialmente si no teníamos una opinión previa sobre el tema debatido.

Los ultraderechistas alemanes, además de su capacidad de anticipo respecto del resto de las fuerzas políticas, también han desarrollado una suerte de coordinación semi-automática que le permite establecer un frame de manera casi preventiva. Su funcionamiento es relativamente simple: ante cualquier hecho de inseguridad que pueda ser atribuíble a un atentando terrorista, los voceros de AfD se encargarán de establecer la conexión inmediatamente. Aquí no importa la veracidad del frame utilizado, ni su respaldo en información fidedigna. Lo relevante es activar el mencionado frame de la amenaza latente, estrechamente relacionado con el miedo, que más allá del hecho en sí, enmarque el debate en los términos que a AfD le conviene.

Cuando en la ciudad de Münster una persona embistió con su automóvil contra las mesas al aire libre de un restaurante, una de las líderes de AfD, Beatrix von Storch, demoró apenas unos minutos para conectar elípticamente el hecho con un atentado terrorista. En su cuenta de twitter publicó la famosa frase de la canciller Angela Merkel „lo lograremos“ (wir schaffen das) que pronunció en verano de 2015 cuando comenzaban a llegar refugiados desde Siria. Esa frase representa la política de refugiados de la canciller. Al menos para AfD y sus seguidores.

La relevancia del tweet radica en su capacidad para construir un puente mental, voluntario o no, que une aquel hecho con la tragedia sucedida apenas meses atras en el mercado de Navidad de Berlin. Ese fue su impacto. Luego, cuando se supo que el móvil del hecho no guardaba relación alguna con un atentado islámico, von Storch publicó los siguientes tweets:

La ironía y la insistencia en utilizar la palabra „islámico“ no es casual. El frame sigue activo, no podemos evitarlo. AfD lo sabe, sus dirigentes también. Es por ello que no importa el error. No interesa un pedido de disculpas. Lo que AfD necesita es establecer el frame de la amenaza latente cueste lo que cueste.

Desinformación calificada: (de)formando los datos

Lakoff define a aquellos tweets de Trump que intentan redirigir la atención del público de lo importante a lo irrelevante como herramientas distractivas. Por ejemplo, cuando el presidente se refiere al discurso de una actriz de Hollywood en lugar de responder sobre cuestiones delicadas como conflictos de intereses o el rol de los hackers rusos. Si bien los ultraderechistas también utilizan esta táctica de distracción, lo hacen con una frecuencia menor. AfD tiene menos necesidad que Trump en ese sentido.

Al estar en la oposición la ultraderecha no sufre ese problema de atribución de responsabilidades. Tiene menos necesidad de rendir cuentas y, además, su relato está construido en torno a la crítica a los actores tradicionales del sistema político alemán. Razón por la cual su rol, al menos por ahora, se reduce a denunciar, exponer contradicciones y generar golpes de efecto.

Si bien AfD no necesita desviar la atención, sí precisa de una legitimación de su relato. Para ello ha desarrollado un método de publicación de datos estadísticos. Mediante la reinterpretación de informes de instituciones oficiales o de encuestas, los ultraderechistas ofrecen materia prima para que su público pueda racionalizar las historias que emanan de su discurso político. Frecuentemente la presentación de estos datos exhiben fuertes sesgos de interpretación. La omisión de parte de la información, su descontextualización o la falta de atención a la fiabilidad de la recolección de datos son cuestiones recurrentes.

Sin embargo, el simple hecho de hablar de números otorga una cuota de legitimidad al frame promocionado. Veamos otro caso de „amenaza latente“, el frame más poderoso de la ultraderecha. En este tweet de la cuenta oficial del partido se establece una relación directa entre dos variables: migrantes y criminalidad.

Los números refuerzan la correspondencia entre las variables. La fuente de la información también otorga legitimidad ya que se trata de un informe de la Oficina Federal de Investigación Criminal (Bundeskriminalamt). La presentación de los datos no deja lugar a dudas: la criminalidad y los inmigrantes tienen una relación directa: el aumento de la primera se debe al aumento de los segundos. El remate, que pone al aleman como la víctima de este crecimiento de la inseguridad, termina de activar el frame de amenaza y el miedo que el mismo conlleva.

Las conclusiones del citado informe, sin embargo, parecen dejar una impresión diferente del tema. En efecto, el documento señala que ha habido una leve reducción de los delitos que tuvieron al menos a un inmigrante involucrado. Y destaca que dicho dato contradice los pronósticos que la propia Oficina Federal de Investigación Criminal había realizado hace un año. Incluso pese a la llegada de más de 180.000 solicitantes de asilo en 2017 (Criminalidad en un contexto de Inmigración, pág 59).

Más allá de los datos y la conclusión del informe, lo que ha generado o reforzado este tweet fue una asociación de los campos semánticos que contienen los términos migrantes y criminalidad. La narrativa a partir de la cual se elabora esa asociación es preexistente. Los datos simplemente colaboran con la legitimación de la misma. No importa si las estadísticas más recientes indican que el índice de criminalidad en Alemania es el más bajo desde 1993, lo que importa es que migración y delito son dos caras de la misma moneda. Así funciona la desinformación calificada de AfD.

Chivo expiatorio à la carte: la culpa es del otro

Un mecanismo eficiente para recuperar la confianza es el que utiliza Donald Trump en aquellos tweets que Lakoff define como „Deflection“ (deformación o desviación). Esta táctica le permite al presidente estadounidense realizar un reframing sobre un tema en particular, es decir, redefinir un problema. Y lo hace mediante la demonización de los medios de comunicación. Según esta lógica, el periodismo no es más que un agente enemigo de la administración Trump que se dedica a targiversar la realidad con el único fin de atacar al presidente. La victimización es la consecuencia inmediata de este proceso. El resultado desemboca en una división binaria del mundo: Ellos o nosotros. No hay lugar para los matices. Estás con nosotros o contra nosotros.

La demonización de la prensa y la victimización son dos elementos muy presentes en el discurso de los ultraderechistas alemanes. Los medios tradicionales se han transformado en el chivo expiatorio por excelencia de los líderes de AfD. Cualquier investigación o crítica a los líderes del partido es inmediatamente redefinida como un ataque a la libertad de expresión. Pero por otra parte, esta táctica también contribuye con las teorías conspirativas que tanto atraen a una importante porción del electorado de los ultraderechistas. Aquí cobra importancia el debate que AfD propone desde sus inicios: ¿Quién dice la verdad?

La imagen que acompaña el tweet sobre criminalidad del apartado anterior está encabezada por dos palabras en un recuadro rojo: verschwiegen & vertuscht, es decir, silenciado y ocultado. AfD se adjudica la medalla de la valentía. Según su relato, ningún partido, ningún medio de comunicación, ningún otro actor social tiene las agallas para decir la verdad. Una verdad que según los ultraderechistas está oculta bajo el manto de lo políticamente correcto. Una reedición de la espiral del silencio que favorece a intereses contrarios a los del país. Los ultraderechistas entonces se ponen en la vereda de enfrente de todo. Y la culpa de todo lo que sale mal, incluso entre sus propias filas es del otro.

El siguiente tweet hace referencia a la regularidad con la que son invitados los voceros partidarios a emisiones televisivas de los medios públicos:

El objetivo de este tipo de tweets no tiene que ver con la necesidad de ajustar la cantidad de visitas de los dirigentes partidarios a la representación parlamentaria. Lo que se intenta activar es el frame binario descrito previamente. Los medios tradicionales en contra de AfD, en contra de la democracia y los principios de la libertad de expresión y, además, en complicidad con el resto de los partidos políticos (Más información sobre política y televisión alemana aquí).

El enemigo no sólo es la prensa o los partidos polítcos tradicionales. También es aquel que contradice las bases argumentales del partido. El relato de AfD nos habla de una situación de criminalidad descontrolada y agravada por la llegada de refugiados e inmigrantes en general. Este escenario no se verifica en los datos, tal como hemos apreciado en el apartado anterior. En aquellos casos en los que se cuestiona con evidencia empírica los postulados del partido, sus voceros no dudan en atacar la legitimidad de la fuente de la información. No importa si se trata de la prensa o de la propia policía, tal como se ve en este tweet:

Provocación estratégica: el fin de lo politicamente correcto

La cuarta categoría propuesta en el análisis de Lakoff sobre los tweets de Donald Trump refiere a su función de globo sonda. Para testear la temperatura de la opinión pública respecto de algún tema delicado, el presidente aprovecha el carácter efímero de la red social y desliza los conceptos que cree convenientes. Una eventual escalada armamentística que incluya misiles nucleares es ejemplo de ello.

Los ultraderechistas han ido un poco más lejos que Trump en esta categoría. No sólo utilizan sus mensajes como globos sonda, sino que aprovechan su posicionamiento y su narrativa para mover los límites de lo políticamente correcto. Tal como lo hemos mencionado más arriba, aquello que es tabú, que no se puede decir o contradecir, es redefinido por los ultraderechistas como una construcción social perpetrada por un concierto de partidos políticos, medios de comunicación y demás organismos internacionales. Su objetivo es ocultar la verdad al pueblo alemán. En el marco de la lógica conspirativa AfD logra justificar expresiones que hace apenas seis años eran exclusivas de los sectores neonazis más minoritarios. La frase de Björn Höcke, lider de AfD en Thüringen, sobre el monumento al Holocausto es el ejemplo más potente.

Respecto a la inmigración, Höcke publicó el siguiente tweet:

El dirigente ultraderechista invierte la causa y la consecuencia. Los rescatistas pasan a ser la causa de que las personas se arriesguen a morir ahogadas. Con su accionar humanitario son los promotores de aquellos traficantes que desde fuera de Europa organizan las balsas para cruzar el mar. Sin ayuda humanitaria, no habría más intentos. Al menos eso intenta transmitir Höcke. El tweet pretende redefinir valores morales y con ello la solidaridad de las organizaciones de ayuda humanitaria se convierte en complicidad. El elemento más potente de este planteo es su capacidad para quitar sentimiento de culpa o cargo de conciencia a aquel que quiera creer en esta historia. Es muy difícil estar en contra de alguien que ejerce un acto solidario, sin embargo, nadie podría aprobar el accionar de aquellos que facilitan un delito.

Conclusión

Las cuatro categorías presentadas funcionan constantemente y en ocasiones de forma solapada. La potencia de las mismas radica en su retroalimentación a partir de la existencia de un master frame fundacional que AfD ha sabido sostener en el tiempo: la amenaza latente. En tanto y en cuanto el resto de los partidos políticos sea incapaz de tomar el tema de la inmigración y desarrollar para él un nuevo frame que reemplace al de los ultraderechistas, la hegemonía de AfD no cesará.

No alcanza con rebatir los datos, elaborar argumentos o descalificar las opiniones por xenófobas, racistas o reduccionistas. Es preciso comprender que es necesario elaborar un discurso que también apele a la parte emocional de nuestra mente. Esto no debe ser entendido como una pérdida de valor de la discusión política. Al contrario, un discurso que incorpore y acepte que también decidimos a partir de nuestras emociones es un discurso mucho más efectivo. Tal como sostiene Drew Westen (2007), psicólogo y neurocientífico, es tiempo de abandonar la concepción iluminista de la mente humana que pone a la razón por encima de la emoción. Es hora de redefinir la forma en que entendemos el funcionamiento de nuestro cerebro.

Referencias bibliográficas

Gamson, William, Modigliani, Andre (1987). The changing culture of afirmative action. Research in political sociology, 3.

Kahneman, Daniel (2011). Thinking, fast and slow. London: Penguin Books.

Lakoff, George (2008). The political mind. A cognitive scientist´s guide to your brain and its politics. New York: Penguin Books.

Lakoff, George (2014). The all new don´t think of an elephant! Know your values and frame the debate. Vermont: Chelsea Green Publishing

Westen, Drew (2007). The political brain. The role of emotion in deciding. The fate of the nation. New York: Public Affairs.

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