Ubicada al sur de Alemania, Baden-Württemberg es una de las regiones más ricas del país. Un Estado Federal en el cual el desempleo es casi inexistente y los paisajes son de cuento. 

En Baden-Württemberg ha gobernado la Unión Demócrata Cristiana (CDU) durante más de cincuenta años. Una hegemonía que parecía extenderse indefinidamente en el tiempo. Sin embargo, nada es para siempre. En 2011, a raíz de un fuerte conflicto social por la construcción de la nueva estación central de trenes en Stuttgart y empujado por la tragedia de Fukushima en Japón, el partido verde le arrebató el poder a los democristianos.

Cinco años más tarde, en 2016, los verdes lograron un resultado aún mejor que los colocó en el primer lugar. Allí tuvieron que asumir la responsabilidad de construir un gobierno y optaron por una coalición con la CDU, una alianza que estaba dando buenos resultados en la región vecina de Hessen. 

La alternativa a una coalición kiwi (Verdes+CDU) era un tripartito entre verdes, socialdemócratas y liberales, también conocido como coalición semáforo, por los colores partidarios. Sin embargo, la inestabilidad que podría conllevar este tipo de pacto no encaja con el tipo de liderazgo de Winfried Kretschmann.

La popularidad de Kretschmann no solo impulsó a su fuerza sino que impactó fuertemente en los socialdemócratas que obtuvieron su peor resultado histórico: 12,7%.

La CDU también sufrió el crecimiento verde. De hecho, un cuarto de los votos perdidos por los democristianos se trasladaron al partido verde. Esto se explica en parte por la valoración de su líder, Kretschmann, un hombre que podría definirse como conservador light o edulcorado. En otras palabras, los verdes de Baden-Württemberg dieron inicio a una nueva identidad partidaria. Aquella que podía combinar valores conservadores con progresistas. La magia de la agenda postmaterialista de las clases medias pudientes, mayoría en esta región. Se trata del inicio de la revolución verde, un fenómeno que se expandió en Bayern y Hessen en 2018 con similares características: crecimiento verde, caída de mayoritarios, reordenamiento del espectro político.

Pero no podemos solo centrarnos en el tema verde si queremos entender el escenario político actual de esta región. La ultraderecha (AfD) juega aquí un rol fundamental ya que aquí demostró su carácter transversal y, por consiguiente, la complejidad de su electorado.

En Baden-Württemberg AfD logró el su mejor resultado en elecciones regionales en Alemania occidental. Más de 800.000 personas se movilizaron para apoyar a los ultraderechistas pese que no estar en situación precaria o con peligro de caer en la pobreza. Aquí jugaron otros factores: el descontento con Merkel, la decepción con la CDU, el miedo al extranjero, la falta de alternativa a la derecha del espectro político.

En las federales de 2017 se repitió el escenario. AfD logró uno de los mejores resultados en el oeste, los verdes crecieron y la CDU sufrió en ambos frentes: el centro y la derecha.

Los resultados electorales de los verdes, especialmente los regionales, le han permitido ganar importancia a nivel federal en la cámara alta, o Bundesrat. Allí los verdes se han convertido en arbitros en muchas cuestiones. Debates que hace pocos años resolvían los partidos mayoritarios en soledad.

Tras estas elecciones quedó de manifiesto que la hegemonía de los democristianos en el sur se ha desintegrado. Si bien sigue siendo un partido mayoritario, la CDU tiene varios frentes abiertos. Para los verdes Baden-Württemberg se ha transformado en un verdadero hito. No solo por su valor simbólico, ni por ser el primer gobierno verde de la historia, ni tampoco por sus logros electorales. Baden-Württemberg le permitió a los verdes redefinir su identidad partidaria y ofrecerse como alternativa a votantes de centro e incluso de centro-derecha. 

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